Vicente García expone sus Memorias de
la Nieve en el Cristal. Vicente García es de los más
veteranos representantes de una generación de fotógrafos que nació
por libre y creció en el seno de la asociación Focus, que este año
ha cumplido veinticinco años con una interminable serie de
exposiciones y actos que aún se mantienen en la cartelera del arte
leonés.
Este inquieto fotógrafo vive
intensamente una pasión, a veces desmedida, por dejar constancia de
todo lo que ve, del mundo que le rodea, de las personas que ama o
que, simplemente, se encuentra en su deambular por las calles.
Vicente García es un fotógrafo glotón, con un hambre insaciable de
instantáneas. Pero donde mejor se desenvuelve, donde de verdad
siente lo que hace, donde dispara incansablemente con su incruenta
metralleta digital, es en la naturaleza, y más concretamente en la
montaña.
Son famosas sus panorámicas de los
valles leoneses tomadas desde los altivos picos de todas las
cordilleras provinciales. Fotografías interminables en las que se
dibujan, como en un artístico mapa, los pueblos y su entorno, los
ríos y sus riberas, las piedras y los caminos. Pero donde más se
fija el objetico de este singular artista es en los cielos, en las
cambiantes nubes que aportan una gran dosis de belleza abstracta a
sus obras.
En esta ocasión, en la exposición que
acaba de inaugurar en el café-bar Cristal, su mirada se ha quedado a
nivel de tierra, pero no de una tierra cualquiera. Los protagonistas
de sus Memorias de la Nieve, son unos árboles singulares, un
bosque fantasmagórico surgido del frío, cubierto de escarcha. Unas
imágenes pletóricas de belleza que nos recuerdan que la fotografía
es un arte de futuro y con futuro.
También hay en esta muestra algunas
instantáneas de laderas atacadas por el manto pesado y blanco de las
grandes nevadas. Es, lo decíamos antes, una mirada desde las cumbres
nevadas a los valles también blancos.
En definitiva esta exposición es la
mejor ilustración para unas navidades que este año, en León,
tienen pocas luces y muchas visiones de una crisis que nada tiene que
ver con la belleza de la naturaleza, y si mucho con la fría y cruel
realidad de una escarcha que todo lo cubre con su sudario inmaculado.
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